La reciente ola de violencia registrada en Santa Cruz ha puesto en evidencia un cambio en la dinámica del crimen organizado en Bolivia y la incapacidad del Gobierno de Rodrigo Paz para contenerla. Especialistas en seguridad y autoridades coinciden en que los hechos ocurridos en municipios como San Matías, Yapacaní y Ascensión de la Frontera no corresponden a episodios aislados, sino a una reconfiguración del narcotráfico, marcada por la disputa entre organizaciones criminales por el control de rutas estratégicas hacia Brasil.
Uno de los factores que explican este escenario es la captura, en marzo de este año, del narcotraficante uruguayo Sebastián Marset, considerado uno de los principales operadores del tráfico de cocaína en la región. Analistas sostienen que la salida de un actor con capacidad de coordinación habría generado un vacío de poder, acelerando la fragmentación de las redes criminales y la pugna entre grupos que buscan controlar los corredores utilizados para el envío de droga al exterior. En los últimos días, la violencia se intensificó con hechos como el ataque armado en San Matías, donde murió un subteniente de la Policía durante un operativo, y el hallazgo de dos personas dec4pitad4s en Yapacaní.
Las investigaciones apuntan a posibles ajustes de cuentas y acciones de s1cariato vinculadas a organizaciones dedicadas al n4rcotráfico. El ministro de Gobierno afirmó que una de las principales hipótesis es la disputa entre facciones criminales por el control de la denominada "ruta roja", utilizada para trasladar coc4ína hacia Brasil, donde operan organizaciones como el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho.
Las cifras reflejan la magnitud del problema. En los primeros siete meses de 2026 se reportaron al menos 23 hechos atribuidos al crimen organizado, con 28 personas fallecidas, concentrándose la mayoría de los casos en Santa Cruz, que se consolidó como el principal epicentro de la violencia vinculada al narcotráfico en Bolivia.