La Paz, 26 de agosto de 2026.- Horas después de que el presidente Rodrigo Paz rompiera nueve días de silencio para negar "relación de trabajo" con Fernando Cerimedo y calificar a su esposa como "intachable", Nadia Beller respondió con una contundente publicación en redes sociales que echa por tierra la versión oficial.
La activista, que sobrevivió a cuatro impactos de bala en un atentado que ella atribuye al asesor argentino, agradeció la solidaridad del mandatario pero advirtió que sus declaraciones "lejos de darle tranquilidad, le generan una enorme inseguridad". Y fue más allá: anunció que hará públicos chats, audios, fotografías y ubicaciones que, según sostiene, demuestran que Cerimedo no se limitó a los primeros meses de gestión, sino que mantuvo presencia en espacios oficiales al menos hasta el 17 de julio pasado.
La respuesta de Beller es un desmentido en tiempo real a la estrategia de desvinculación del presidente. Paz había afirmado que Cerimedo "jamás tuvo la autorización de representar a este boliviano, a la Presidencia, al Gobierno o a mi familia", y que nunca existió "un contrato" ni "una relación de trabajo directa". Pero Beller replica con una frase que sintetiza la contradicción:
"Es cierto que Cerimedo no tuvo un contrato formal con el Estado —lo cual agrava aún más su situación frente a las facultades que ejerció—. Pero eso no significa que su vínculo con usted se haya limitado a los primeros meses de su gestión". La activista sostiene que el material que posee incluye registros de ubicación en la residencia presidencial, referencias a la presencia de Cerimedo en la Casa Grande del Pueblo y una fotografía tomada dentro de un avión cuya procedencia cuestiona: "¿Qué avión es?, ¿a quién está asignado?".
Beller no solo contradice la versión del mandatario, sino que expone el núcleo del escándalo: si Cerimedo no tenía contrato formal, ¿cómo es posible que tuviera acceso a la residencia presidencial, al "Comando" y a una oficina en la Casa Grande del Pueblo?.
La activista también desmonta el argumento de que Cerimedo era un "asesor internacional" sin tiempo para estar en Bolivia al afirmar que "sus registros migratorios dan cuenta de que él vivía más en Bolivia que fuera del país". Y en un señalamiento que pone en jaque la credibilidad del sistema de justicia, Beller expresa su temor más profundo: "Me hacen sospechar que Cerimedo sigue teniendo poder, que usted lo sigue protegiendo y que lo seguirán dejando hacer lo que sea. Incluso que continuará manejando a la Policía, como él mismo reconoce en su audiencia cautelar".
Mientras Paz insiste en que "el escándalo no es una prueba", Beller ha anunciado que llevará todas las pruebas a la Fiscalía, donde fue citada a declarar este miércoles. El mensaje del presidente, lejos de cerrar el escándalo, ha abierto una nueva grieta: si realmente Cerimedo solo colaboró al inicio del gobierno, ¿por qué Beller tiene chats y ubicaciones que lo sitúan en espacios oficiales hasta julio? ¿Por qué el mandatario no responde la pregunta sobre el avión en el que aparece el asesor argentino?.
Con su respuesta, Beller ha puesto en evidencia que la relación entre Paz y Cerimedo no fue un affaire de campaña, sino una alianza prolongada que el presidente intenta borrar con palabras, mientras la activista amenaza con hacer públicas las pruebas que lo desmienten. El presidente Paz no está siendo víctima de un escándalo: está siendo confrontado con la verdad que él mismo ayudó a construir.