El Alto, 26 de marzo de 2026.- A poco de asumir el cargo, el alcalde electo de El Alto, Eliser Roca Tancara, enfrenta un escenario de gobernabilidad frágil, derivado del respaldo electoral más bajo registrado para un ganador en la ciudad. Según datos oficiales, Roca obtuvo el 17,88% de los votos válidos, mientras que el voto nulo alcanzó el 23% y el blanco superó el 5%, sumando más del 28% de rechazo explícito en las urnas.
Esa base de sustentación, inédita en procesos municipales previos, condiciona su capacidad de gestión desde el inicio. Con apenas tres concejales propios —uno de ellos perteneciente a su socio político, Santos Quispe, líder de UPC—, Roca no alcanza mayoría en el Concejo Municipal, que lo obliga a negociar cada decisión clave en un municipio donde las crisis políticas suelen traducirse en tempranos pedidos de revocatoria.
En medio de esa debilidad, el alcalde electo buscó acercarse públicamente al presidente Rodrigo Paz, pese a que el mandatario atraviesa por uno de los momentos de mayor rechazo en El Alto. La ciudad ha sido escenario de dos hechos que impactaron en la percepción ciudadana: el accidente de un avión que transportaba dinero efectivo, parte del cual fue recogido por vecinos, y la distribución de lotes de gasolina que afectaron a miles de vehículos del transporte público, generando malestar gremial y vecinal.
“Hermano presidente Rodrigo Paz, necesito su apoyo para trabajar por el municipio de El Alto. Le he escuchado hablar que usted quiere construir una unión de Océano Pacífico y Atlántico; esa vía, precisamente, pasa por El Alto y tenemos en nuestro plan de gobierno la Avenida Periférica que une —aparte de siete distritos— con la carretera Viacha, Laja, Copacabana y el Norte Paceño, y es parte de esa vía bioceánica”, manifestó Roca Tancara a un medio de comunicación.
La declaración, interpretada por analistas políticos como un intento de asegurar gobernabilidad a través del respaldo nacional, expone la dependencia de un alcalde que carece de legitimidad propia para imponer su agenda en el Concejo. Roca también extendió el llamado al gobernador electo, a quien se refirió como “hermano gobernador”, en un intento por tejer alianzas desde antes de posesionarse en el cargo.
No obstante, el respaldo del presidente Paz podría convertirse en un factor de mayor conflicto para el nuevo alcalde, debido al generalizado descontento que su administración genera en El Alto. Dirigentes vecinales y representantes del transporte advierten que la ciudadanía asocia al Gobierno con problemas recientes de abastecimiento y logística, lo que potencia el discurso de quienes consideran que Roca no tiene mandato suficiente para liderar el municipio.
El escenario deja planteada una ecuación compleja: un alcalde electo con el porcentaje más bajo desde la creación de El Alto, una alianza política que no le asegura el control del Concejo, y un vínculo con un presidente repudiado en la urbe. En círculos políticos alteños ya se menciona la posibilidad de activar una campaña por el revocatorio anticipado, una figura que en los últimos años ha sido utilizada contra autoridades percibidas como ilegítimas.
Roca Tancara aún no ha definido públicamente cómo conformará su gabinete ni cómo distribuirá los cargos de confianza. Sin embargo, en el sector que lidera Santos Quispe ya se asume una participación directa en la designación de funcionarios, lo que abre interrogantes sobre si la gestión municipal estará marcada por acuerdos de cuoteo político antes que por un proyecto técnico y ciudadano.
La transición, en este contexto, se desarrolla bajo presión. El nuevo alcalde tiene un perfil con una de las bases de apoyo más frágiles de la historia electoral alteña, en medio de una correlación de fuerzas adversa en el Concejo y con un aliado nacional que, lejos de sumar respaldo, profundiza el malestar en las calles.