14 de julio 2026 .- Mientras el presidente Rodrigo Paz promociona un par de zapatos Bata como ejemplo de la industria nacional y la activista Maria Galindo cuestiona el origen de ese calzado, el verdadero problema de MANACO y de las industrias cochabambinas permanece sin respuesta, la ausencia de políticas estatales que protejan la producción nacional y frenen el proceso de desindustrialización.
La historia de MANACO está estrechamente vinculada a la del empresario checo Tomáš Baťa, considerado uno de los pioneros de la industria moderna del calzado. Inspirados en ese modelo industrial, inversionistas checoslovacos llegaron a Bolivia en 1940 y fundaron MANACO (Manufactura Nacional Cochabamba) con el propósito de fabricar calzados íntegramente en el país. Desde la curtiembre del cuero hasta el ensamblado y la comercialización, la empresa desarrolló un proceso industrial completo que convirtió a Cochabamba en el principal centro productor de calzados de Bolivia.
Durante décadas, MANACO fue un símbolo de la industrialización nacional. Llegó a emplear cerca de dos mil trabajadores, impulsó el crecimiento urbano de Quillacollo y dio origen a barrios, unidades educativas, espacios deportivos y a uno de los sindicatos fabriles más importantes que se constituyó en la vanguardia del movimiento obrero de Cochabamba y de Bolivia por su tradición de lucha.
Sin embargo, con la aplicación de las medidas neoliberales esa realidad ha cambiado profundamente. La política de la transnacional Bata ha reducido paulatinamente la producción realizada en Cochabamba, sustituyéndola por la importación de calzados fabricados en otros países bajo distintas marcas de la misma empresa, entre ellas Bata, Aquarella, North Star, entre otras. Actualmente, las tiendas comercializan cada vez más productos importados, mientras disminuye la fabricación de calzados elaborados íntegramente en Bolivia.
El debate generado por las declaraciones del presidente Rodrigo Paz y las críticas de Maria Galindo desvía la atención del problema de fondo. La discusión no se reduce únicamente en si un determinado zapato fue producido aquí o en el extranjero, la verdadera preocupación es que cada año se fabrica menos calzado en Cochabamba y se importa más y no hay políticas estatales que frenen esta situación.
Hay que recordar que el 1 de mayo, durante un acto realizado en el Complejo Fabril MANACO, mientras se desarrollaba el cabildo de la COB, el Gobierno anunció un acuerdo para que la empresa produzca botas y calzados destinados a las Fuerzas Armadas y a la Policía Boliviana. Sin embargo, hasta la fecha no se conoce públicamente el contenido de ese convenio, tampoco los volúmenes de producción comprometidos, ni los mecanismos para garantizar su cumplimiento. Asimismo, el ejecutivo de la Federación de Trabajadores Fabriles, quien además es secretario general del Sindicato MANACO, Abraham Anzaldo, no se ha pronunciado al respecto, tampoco ha dado a conocer a las bases obreras el contenido del acuerdo ni ha exigido su cumplimiento.
Es reprochable la actitud de la dirigencia fabril cochabambina, principalmente la del máximo dirigente de la Federación de Fabriles, al no tener un plan oficial de ejecución de licitaciones, declarar en estado de emergencia y exigir al gobierno que cumple con su compromiso realizado el 1ro de mayo. Pero su actitud tibia frente a la situación nos da a entender que solo ha sido utilizado para desmovilizar el paro y la huelga nacional decretados por la COB a cambio de falsas ilusiones.
La desindustrialización no se resolverá simplemente con campañas de incentivo al consumo, que son importantes, pero insuficientes. Lo que se requiere es un cambio de política para la industria cochabambina que garantice mercado para la producción, combata el contrabando, priorice las compras estatales a la industria nacional y preserve las fuentes de empleo. Asimismo, se otorguen incentivos y facilitar créditos del Banco de Desarrollo Productivo, además de resolver los problemas de la gasolina, el diésel y los dólares, que afectan de manera directa a la industria.
Si los dirigentes son incapaces de exigir y el gobierno de ejecutar estas cuestiones mínimas para proteger no solamente a MANACO, sino a toda la industria manufacturera cochabambina, entonces que se vayan. Los trabajadores tenemos que hacer respetar nuestros derechos con nuestros métodos de lucha y exigir e imponer al gobierno medidas proteccionistas y se cumple el acuerdo anunciado el primero de mayo.