La Paz, 21 de agosto de 2026.- Las explosivas declaraciones de Nadia Beller desde su cama de hospital han destapado la peor cara del Gobierno de Rodrigo Paz: una red de complicidad mediática orquestada por el asesor presidencial Fernando Cerimedo y la Directiora General de Comunicación Estratégica del Estado, Ximena Galarza, para controlar a periodistas y medios de comunicación a cambio de dinero y publicidad estatal.
Beller denunció que Cerimedo "bajaba línea con periodistas importantes sobre escándalos del Gobierno" y les pedía "que se minimice, no se replique", mientras que Galarza se encargaba de ejecutar la estrategia de sobornos y cooptación.
La abogada, que asegura haber sido testigo de los negociados del círculo presidencial, reveló que varios medios se alinean al Ejecutivo porque reciben dinero de empresas estatales, en un mecanismo perverso que convirtió a la prensa boliviana en un aparato de propaganda al servicio del poder.
El silencio cómplice de ciertos periodistas quedó al desnudo cuando el comunicador Jhon Arandia admitió públicamente que Beller le envió, hace aproximadamente dos meses, fotografías de las lesiones que presentaba tras ser agredida por Cerimedo, además de imágenes del asesor en un departamento y de dos cajones repletos de billetes.
Arandia confirmó que recibió el material gráfico que probaba la violencia de género y la acumulación de dinero en poder del otrora asesor presidencial, pero decidió no publicarlo. Su excusa: que la prioridad era "activar los mecanismos de protección" y que "la noticia no es lo primero, sino la atención por la violencia hacia una mujer".
Sin embargo, su inacción permitió que Cerimedo continuara operando con total impunidad durante dos meses, mientras las pruebas de su violencia y corrupción permanecían ocultas para la opinión pública.
El testimonio de Beller expone la mecánica de un Gobierno que, lejos de gobernar con transparencia, optó por someter a la prensa mediante el chantaje económico y el control de la narrativa.
La denunciante reveló que el equipo de Cerimedo utiliza "la misma estrategia de campaña" basada en "bots, funcionarios de gobierno comentando en distintas páginas" y la contratación de "influencers para que hablen en mi contra (y generen) desprestigio".
Esta maquinaria de desinformación y acoso, que ahora se ensaña contra la propia Beller para desacreditar sus acusaciones, fue la que permitió a Paz Pereira llegar al poder y la que hoy intenta ocultar el escándalo de corrupción que amenaza con derrumbar su frágil administración.
La revelación de que Cerimedo y Galarza compraron voluntades en los medios de comunicación para minimizar los escándalos del Gobierno, sumada a la confesión de Arandia de que guardó silencio pese a tener en sus manos pruebas contundentes de agresión y de la existencia de grandes cantidades de dinero, configura un cuadro de complicidad periodística y complicidad estatal que ofende a la ciudadanía.
En la imagen a la izquierda Ximena Galarza y ala derecha Fernando Cerimedo, el otrora hombre fuerte del Gobierno de Rodrigo Paz.