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Punto de Vista; De la Transición a la Permanencia

A seis meses de haber asumido (dos ampliaciones o postergaciones a la norma y con proyección de una tercera), el Gobierno de Transición, hay suficientes indicios para asegurar que apuesta por la permanencia en el poder!
El 22 de enero en un discurso forzado por las circunstancias (esa fecha recordamos la fundación del Estado Plurinacional), la Presidenta Transitoria, Janine Añez anunciaba que la transición terminaba pues se había logrado cumplir los mandatos otorgados: llamada a elecciones y pasificación del país. Hasta ahí todo eran elogios! incluso de gente que ahora está callada esperando expectante fracaso…
Acto seguido, y confirmando que los políticos no cumplen sus compromisos, Añez se postula como candidata a las elecciones presidenciales declarándose heredera de toda una repudiada estructura legal del régimen anterior que deseaba prorrogarse indefinidamente.
Con la llegada de la pandemia del Covid-19, las intenciones de permanencia se transforman en una estrategia de consolidación como un gobierno autoritario, apoyado por ejército y policía, que utilizará la salud para desplegar una serie de medidas que benefician a sectores agro-empresariales y restringen libertades constitucionales.
Políticamente la táctica de permanencia avanzaba sin resistencia pues la mayoría de los actores políticos se confinaron ya por la emergencia sanitaria ya por temor a la aprehensión por atentar a la vida o acusados de sedición.
Sin embargo, denuncias de corrupción, uso indebido de bienes del Estado y, sobre todo, una gestión incompetente del virus (mostrada a través de la falta de equipamiento, insumos, test, etc.) van cuestionando las acciones del gobierno autoritario. En este contexto, llama la atención la ausencia del liderazgo presidencial inicial que ahora se muestra tan sólo como una “porta voz”, secretaria de gobierno, que solo aparece para leer comunicados y dar salutaciones o pequeños actos de entrega de bonos o mínimos equipamientos de salud (¿campaña?). Todo lo contrario a otros Presidentes de diversos países que han comparecido diariamente para explicar medidas, estados de situación respecto a su combate contra el Covid-19. Toda esta situación hace cuestión de quién gobierna (Añez, ministros o asesores), dado que la gran mayoría de la población siente que el gobierno autoritario está sobrepasado por la enfermedad y se camina a ciegas hacia una crisis humanitaria de implicaciones desconocidas.
Su afán de permanencia le llevo a asumir solo el reto de combatir el virus, con muy poca coordinación con otros niveles del Estado, sectores y organizaciones, que ocasionaron innumerables protestas de todo tipo en el territorio nacional. Estos reclamos están en escalada cuestionando la permanencia de este gobierno autoritario que goza de poca legitimidad…, por ello, no debe extrañar, el legal y legítimo pedido de continuar con las elecciones generales suspendidas, por la pandemia, a 45 días del acto de votación.
Como un movimiento para recomponer el plan de permanencia, dada la constante inestabilidad de autoridades que denota problemas internos de intereses y desacuerdos, y ya críticas por fuera de actores políticos como es el caso de la jerarquía eclesiástica, se opta por nombrar un super-ministro de recuperación de la economía que se encargará de aglutinar a los diferentes actores, sobre todo, productivos financieros, en torno al proyecto político de permanencia en el poder.
Ahora, la reconstrucción económica exige de decisiones estructurales, que desde la lógica de permanencia del gobierno autoritario están dispuestos a tomar tal el caso de una nueva política tributaria, de producción transgénica agroindustrial…
Muy atrás quedaron, sin posibilidad de recuperación, procesos deseados de un “pequeño tiempo transitorio” cual era el resultado de la movilización ciudadana de noviembre pasado: además de la convocatoria inmediata a elecciones y la pacificación (o como parte de ella) se esperaba que se pudiera promover (o poner las bases) una reorganización democrática que puedan consolidar un nuevo orden político que desemboque en una ideal unidad política que el país va requerir para afrontar los retos post-pandemia.
El desafío actual del país, postergado por el interés de permanencia de los actuales gobernantes, pasa por lograr consensos políticos, sociales pro crecimiento económico. La negativa de abrir la participación a estos acuerdos ratifica que pasamos de la transición a la permanencia de un gobierno que no fue electo para ello.

Por: Nike.
14/5/20

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