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El Alto enterró a los candidatos más del 55 por ciento rechaza el voto útil y empuja un voto castigo masivo a la política tradicional

 

La Paz, jueves 19 de febrero de 2026.- En una contundente bofetada a los aritméticos del marketing político, la primera encuesta de intención de voto en El Alto, presentada este jueves por UNITEL y ejecutada por Ipsos CIESMORI, no solo deja sin piso a los candidatos, sino que entierra la falacia de las preferencias electorales como un deporte competitivo. Con una muestra de 2.401 encuestados y un trabajo de campo realizado del 6 al 15 de febrero, el estudio retrata una ciudad que ha declarado la guerra al voto útil y a la ingeniería de la manipulación: mientras los aspirantes a la Alcaldía se disputan las migajas de un escuálido 6.7%, una aplastante masa ciudadana del 56.8% se refugia en la indecisión o anuncia que impugnará con un voto nulo o blanco. La fotografía no es una simple tendencia; es un acta de defunción política.

El laberinto de cifras menores exhibe el cadáver de la representación. Los punteros, lejos de capitalizar el descontento, reflejan la atomización y el desgaste de unas siglas que ya no seducen ni con la promesa del “mal menor”. Eliser Roca Tancara, de UPC, apenas araña un 6.7%, seguido por David Vargas (MTS) con un 5.8% y Tahuichi Tahuichi Quispe (JALLALLA.LP) con un 5.1%. Detrás de ellos, una decena de nombres se hunden en el fango del 3%, 2% y 1%, configurando un rompecabezas de fragmentos que no logran articular ni el más mínimo atisbo de mayoría. No hay liderazgos, solo restos de un naufragio.

Sin embargo, lo que los operadores políticos leerán con terror es el contundente mensaje de la plancha de rechazo. El voto nulo, con un 24.1%, se erige como la primera “fuerza política” de El Alto. Acompañado del voto blanco (16.9%) y la indecisión (15.8%), la tríada del descontento supera holgadamente la mitad del padrón. Es el síntoma más agudo de una sociedad que ha metabolizado la retórica hueca y la manipulación encuestológica, y responde con el arma más letal de la democracia: la abstención activa. No es apatía, es castigo.

La ficha técnica, que presume un nivel de confianza del 95% y un margen de error municipal del 2%, se convierte así en el espejo de una paradoja: mientras más rigurosa es la medición, más evidente resulta la crisis del sistema. Las cifras de Freddy Mamani (3.5%), Néstor Yujra (3%) o el batallón de candidatos que no superan el 1% (desde Óscar Elías Choque con 0.9% hasta Yoacir Calamani con 0.6%) no son otra cosa que el recibo de una deuda política que hoy, a poco más de un mes de los comicios subnacionales, no encuentra quién la pague.

El resultado de esta fotografía, financiada y difundida por UNITEL, es un aldabonazo en la puerta del Órgano Electoral y de los partidos. El Alto ha dejado de ser un tablero donde se mueven fichas; se ha convertido en un juez severo que, con el 56% de su electorado en la trinchera del rechazo, obliga a preguntarse si las elecciones del 22 de marzo no terminarán siendo un plebiscito sobre la nulidad del sistema. La encuesta no mide preferencias; mide la profundidad de un abismo entre la clase política y una ciudadanía que ha decidido no ser cómplice.

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