
_Por: Martin Moreira_
*Forma Parte de la Red de Economía Política Boliviana*
14 de abril 2026.- Bolivia atraviesa un momento decisivo en su trayectoria económica, marcado por señales claras de desaceleración que contrastan con los años previos de crecimiento sostenido basado en el dinamismo del mercado interno y la exportación de recursos naturales; aunque hasta 2023 se registraron avances relevantes en sectores como la manufactura, recientes proyecciones de organismos internacionales advierten un panorama adverso que podría derivar en una recesión en 2026, acompañada de inflación elevada, aumento del desempleo y un entorno de alta incertidumbre, lo que no solo refleja debilidades estructurales del modelo económico, sino también la falta de una estrategia estatal eficaz para reactivar sectores clave como hidrocarburos, minería y litio; en este contexto, emerge el riesgo de que el decrecimiento sea utilizado como argumento para implementar políticas de ajuste que históricamente han recaído sobre la población, mediante medidas como la reducción del gasto público, el encarecimiento del costo de vida o la posible enajenación de activos estratégicos, profundizando las desigualdades existentes; al mismo tiempo, la contracción económica amenaza con debilitar el aparato productivo, reducir el consumo interno y provocar el cierre de pequeñas y medianas empresas, configurando un escenario cercano a la estanflación, donde el bajo crecimiento se combina con alta inflación; frente a este panorama, el debate central deja de ser únicamente técnico y se convierte en una cuestión política sobre quién asume los costos de la crisis y qué modelo de desarrollo se prioriza, planteando la urgencia de transitar desde una economía dependiente de materias primas hacia un esquema basado en la generación de valor agregado, la atracción estratégica de inversión extranjera bajo condiciones soberanas y el impulso decidido a la industrialización, todo ello acompañado de una reforma estatal que privilegie la eficiencia, la transparencia y el interés nacional, en un momento en que las decisiones que se adopten no solo determinarán la salida de la crisis, sino también el rumbo estructural del país en las próximas décadas.



